La sociedad del bienestar

Imagen de Maribel

Uno de los regalos estrella de este año (con el que fuí agraciada en mi cumpleaños) ha sido la cafetera nespresso.

De repente, y como por arte de Clooney y su publicidad, una cafetera con un precio cinco veces mayor que el de una italiana, se pone de moda y llega a ser hasta tema de conversación en las casas.

Pues bien, la susodicha cafetera no utiliza café normal, sino unas cápsulas de colores con varios tipos diferentes de mezclas que, combinados con la estupenda espuma (casi una mousse) que provoca la cafetera, hacen de tomarse un café casi una experiencia mística...

Para definir el elitismo del sistema nespresso, las cápsulas de café no pueden ser adquiridas ni en el caprabo ni en el carrefour ni siquiera en El Corte Inglés. Hay que comprarlas por internet en la página de nespresso (dando el número de serie de la cafetera para que cuando hayas tomado 600 cafés te den las instrucciones de próximos pasos -granhermano cafetíl- y supongo que la enhorabuena por no tener los nervios de punta por tanta ingestión del negro líquido...) o en las llamadas boutiques nespresso

Entro en la web y soy incapaz de elegir entre los doce tipos de cafés que existen más las series limitadas de los mismos, asi que decido coger el coche e ir a la calle Velazquez a la boutique. Imagino que allí me sabrán aconsejar...

Cuando entro en la boutique nespresso casi ni lo puedo creer. Un espacio enorme, de una limpieza exquisita, con diez personas atendiendo al público en mostradores negros de ébano como los de las joyerías de pro, uniformadadas con ese look minimalista de hotel de lujo... una parte dedicada a las degustaciones, otra a la venta de máquinas y otra a los accesorios.

Como soy incapaz de elegir de nuevo, me pongo en la cola a esperar mi turno. Después de diez minutos de espera, una amable señorita me atiende y me dice que antes de nada necesita saber mi nombre, mi dirección, mi modelo de máquina y el número que calzo para hacerme del club nespresso, una pandi exclusiva a la que se supone que debo estar feliz de pertenecer.

Después de otros diez minutos de datos, al final llego a la famosa pregunta: "Dígame qué tipo de café desea". Yo le digo a la señorita que es la primera vez que entro en la secta y que no sé qué café elegir.
Y entonces llega un temido momento: se dedica a darme la descripción de cada café, de cada color de cápsula nespresso:

-Lo primero que hemos de definir es el tipo de café que quiere: expresso o lungo.
-Bueno, yo en realidad lo tomo con leche -digo yo con un cierto corte por no saber lo que es un café lungo-
-Entonces, vamos a ver los lungos, dice ella muy predispuesta, haciendo un simpático gesto con la nariz que no sé si corresponde a un movimiento amistoso o a su desprecio por mi ignorancia cafetíl.
- Tenemos el Vivalto, el decaffeinato lungo y el Finezzo..
- Estupendo... me puede hablar de ellos por favor? -hago esta pregunta dos segundos antes de darme cuenta de que no es la pregunta que debería haber hecho...-
- Bueno, el Vivalto es un Lungo intenso que combina una bella nota tostada y una sutil nota floral. El Decaffeinato Lungo presenta un cuerpo untuoso y una bella armonía en el paladar. Su tueste intenso revela sabrosas notas tostadas y el Finezzo, muy equilibrado, es una suave mezcla de un carácter afrutado que deja percibir un cuerpo ligero. Su carácter se ve reforzado por una fina nota de acidez.

Yo miraba fijamente a la señorita de la narizconvidapropia intentando definir si me gustaba más la nota floral o el cuerpo ligero, algo desorientada, lo confieso. Pero todo en la vida se puede complicar...

-Claro que, igualmente, podría escoger un café de una variedad expresso o edición limitada, tenemos los ristretto, capricio, arpeggio, roma, vilanto, cosí...

En ese momento, yo ya había desconectado. Lo prometo. Creo que el tema del café me vino grande. Así que intenté poner cara de cafetera de pro y dije aquello de: "y no tienen un surtido?" a lo que la señorita de la narizconvidapropia sonrío displicente y terminó de confirmar que yo era una clienta garrafón. Para arreglarlo, añadí: ¿tienen alguno con un sabor parecido al marcilla?... momento en el que la señorita de la narizconvidapropia cambió de cara, ya no solo permitió que su nariz se encogiera sino que esbozó una mueca que no presagiaba nada bueno...

Pagué mi surtido, una caja de ébano para guardarlo (guardar las cápsulas en un tupperware hubiera sido improcedente del todo) y una edición limitada de la que únicamente recuerdo que tenía un envase azul.

Salgo a la calle Velaquez y noto que mi corazón late deprisa y estoy hiperventilando. Tengo que controlar la respiración y repetirme eso que me repito tantas veces después de llegar de la India: "Maribel, tú vives en el primer mundo y no eres responsable de ello, no pasa nada, puedes hacerlo"...

Pero según cruzo la calle para coger el coche, solo puedo escuchar la maravillosa canción de Juan Luis Guerra que hablaba del café, de los deseos y de los niños, esa canción que me hizo llorar al escucharla por primera vez. Y me hace recordar el té que nos daban a media mañana en Kobardanga, aguado, amargo, sin aromas frutales, y con dos galletas que nunca comíamos porque a ellos les hacían más falta.

Y cantando esa canción me dirijo, con mi café de diseño a mi casa del primer mundo...

Pa que en este mundo no se sufra tanto
ojala qe llueva cafe en el campo
pa que en mi lerele oigan este canto
ojala que llueva cafe en el campo
ojala que llueva, ojala y ojala que llueva cafe
pa que to los niños canten en el campo
ojala que llueva café