
Yo tengo, en términos generales, bastante mal concepto de la gente aunque no me pueda quejar porque suelo estar rodeado de la buena gente.
Pero lo que veo a mi alrededor, o mejor dicho, lo que se publicita a mi alrededor empezando por los políticos y terminando por cualquier famosillo, que deberían ser los modelos a imitar, me parecen de todo menos buenos. Ya digo que a mi me afecta poco porque en el plano corto la selección natural y la atracción inconsciente me lleva a relacionarme con gente guay y de ellos no me sorprenderían los buenos comportamientos.
Lo que sí me llama la atención es cuando me entero de que en el mundo mundial, lejos o cerca, hay buena gente más o menos anónima que se esfuerza por los demás, aún siendo desconocidos y terminan en un final feliz.
Hace poco leí que un australiano había comprado una compacta por eBay que cuando le llegó a casa tenía dentro una tarjeta de memoria llena con más de 1500 fotos de un viaje larguísimo por Europa y Asia Menor. El comprador supuso que le habían vendido una cámara robada y se puso a inspeccionar las fotos. De ellas sacó un itinerario en el que se incluía una visita a Gallipoli (1) lo que le hizo sospechar que los autores de las fotos fueran australianas.
Buscó detalles en las fotos y en la etiqueta de una maleta pudo adivinar un nombre y un código postal de Australia. Explicó el caso en un foro australiano de fotografía y entre varios y en unos días (y gracias a que las turistas tenían una página en Facebook) dieron con ellas. El que tiene la cámara les ha mandado un par de DVD's con las copias de las fotos y está intentando que eBay le devuelva el dinero para enviarles también la cámara, aunque eso en los tiempos que corren es lo de menos. Lo importante eran las fotos.
Sin embargo no hace falta ir a Australia para encontrar buena gente.
Mi hija María Teresa ha recibido durante unos días a algunos amigos que hizo en Toulouse durante su Erasmus. Dos de ellas son dos amigas turinesas que regresaron ayer. Una de ellas perdió el sábado su billetero con dinero y documentos. Dado su natural tranquilo y que la comisaría estaba abarrotada cuando fueron a denunciar el hecho para poder identificarse en el aeropuerto cuando regresaran, antes la buena gente le dio la mejor solución que denunció el hecho.
Alguien encontró la cartera, en ella el carnet de la Universidad Politécnica de Turín donde estudia y llamó a la Universidad diciendo que tenía la cartera y dando su contacto. La Universidad llamo a Laura, que así se llama la amiga de mi hija, para informarle de que habían encontrado la cartera y darle el teléfono de la buena gente.
Ayer pasaron por Bechí, que es donde vive el chaval que la encontró, para recoger cartera, documentos y hasta el último céntimo de camino al aeropuerto.
Las chavalas y chavales no sólo han disfrutado como enanos de las fiestas de Castellón, creo que son embajadores vitalicios de Castellón, de España, y de sus buenas gentes.
Claro que... podría haber sido al revés.
(1) Ayer volví a ver la película Gallipoli con Mel Gibson de casi adolescente. Es claro que tiene el punto de vista australiano de aquella histórica batalla de la Primera Guerra Mundial y que no hace demasiado hincapié en la propia batalla sino en lo previo, incluido el carácter de los australianos de la época; pero perdieron una buena oportunidad de decir que en esa batalla y en esa guerra se perdió toda una generación de jóvenes turcos, muchos de ellos universitarios cuya consecuencia es el atraso de una generación que tiene hoy ese país aunque lo vayan recortando deprisa.