
Que casualmente no son términos opuestos.
El viernes pasado repetí dos cosas, ver la etapa del Tour después de comer y ver "Los puentes de Madison" después de cenar. Por muchas etapas del Tour que veas, son siempre diferentes, pasan cosas diferentes, una vez atacan unos y pierden otros, unos están fuertes y otros sufren la pájara, unas etapas son de montaña y otras acaban al sprint.
Yo que tengo una memoria de pez, especialmente en lo cinematográfico, cada vez que veo "Los puentes de Madison", veo una película diferente; casi no me acuerdo de la vez anterior y la disfruto como nueva fijándome en aspectos diferentes según tenga el cuerpo y la cabeza. Por cierto, lo que siempre me llama la atención de la misma manera es la buena música que se oye.(*)
Durante la etapa del Tour volví a fijarme en que los aficionados al ciclismo que van a ver la etapa en directo son, en su inmensa mayoría, fotógrafos. Se pierden los mejores momentos mirando por el pequeño visor de su cámara o intentando encuadrar en una pantallita a la que le da el sol. Se pierden la etapa, la emoción de la carrera. Están tontos.
Pero lo mismo pasa en la presentación de Cristiano Ronaldo, 80.000 espectadores y 79.800 cámaras. O pasó en el entierro del Papa anterior. Últimamente pasa siempre, cualquier espectador de cualquier evento es el 99,99% de las veces un fotógrafo. Y eso pone en entredicho la afición a la fotografía, porque yo no quiero ser ni que me consideren uno de ellos.
Vale, hay alguna diferencia. Este Domingo mi hermana me enseñó al albúm Hoffman que le regaló a mis sobrinos un primo de mi cuñado con las fotos de la primera comunión de los trillis. Yo lo ví aquel día con una cámara "bridge", disparando a diestro y siniestro. Tere y yo disparamos un poco y le montamos un pequeño DVD de 10 minutos, más bien desganado, lo reconozco. Ayer, viendo el albúm, noté con satisfacción que yo, desganado, soy más original y divertido que el primo de mi cuñado, que encima mide casi dos metros y no se agacha ni para pedir perdón. Su álbum parece fotografía aérea. Además, le ha grabado un CD con casi 800 fotos (o sea, las regulares, las malas y las muy malas).
Y por cierto, Hoffman ya no es lo que era. Las páginas siguen siendo cartones pero las fotos son como las de Lulu.
Y volviendo a los fotógrafos, "Los Puentes de Madison" es una película sobre un fotógrafo (de National Geographic, nada menos), pero en toda la película solo hay un par o tres de escenas fotográficas. Tres, creo recordar. Una cuando va por primera vez al puente y solo da un vistazo porque la luz no es buena. Otra cuando pide meter en el frigorífico un par de paquetes de película y la tercera cuando hace fotos en el otro puente.
El resto de la película, el fotógrafo hace de persona, habla de matrimonio, de relaciones de pareja, de relaciones personales, se enamora, habla de su pasion por la fotografía, de sus viajes. Se interesa por la mujer que tiene enfrente, vive, siente, goza y sufre. Y todo ello lo hace sin cámara.
Al final, me resulta elemental pensar en qué ponen de su parte, de su vida fotográfica presumiblemente vacía, los miles de fotógrafos del Tour y que riqueza personal pone el personaje que interpreta Clint Eastwood en cada una de sus fotos. No hay color, y no hace falta llegar a Bleda y Rosa para entender que para hacer fotos con sentido lo primero es que el fotógrafo tenga sentido, sentido previo, bagage personal general y planteamiento previo a la foto que va a realizar.
Lo contrario son los fotógrafos del Tour.
Aquello tan dicho de que hay que llevar la cámara hasta el cuarto de baño, o eso de que necesitamos una compacta para llevar siempre encima se parece más a lo que ví en el Tour que a "Los puentes de Madison".
Cada vez que paso cerca de un aeropuerto y veo a los aviones despegar o aproximarse a tierra, pienso que si explotaran en ese momento y yo tuviera una cámara me haría famoso, sí, pero ahora me doy cuenta de que lo que no me haría es fotógrafo. Fotógrafo de verdad, no del Tour de Francia.
(*) No he encontrado la versión que sale en la peli (o parecida) así que os pongo esta que por lo menos es instrumental como en "Los puentes de Madison".