
Hace ya unos días que estuve en la inauguración de esta exposición de Paco Martí en Xodos (Castellón) y no había contado nada todavía, lo cual no sería nada especial porque Paco es, definitivamente, un fotógrafo intimista rayando en lo enfermizo.
A él le hubiera parecido de lo más normal que no escribiera nada, incluso no le hubiera importado que algunos amigos no le hubiéramos acompañado en la inauguración. De hecho nos enteramos casi por casualidad.
Hubiera estado mal, porque es difícil ver la obra de Paco fuera del Ivam o del Reina Sofía u ocasionalmente en Arco (a excepción del pálido reflejo que es ver pequeñas miniaturas digitales en su blog o las aportaciones a la web de la Agrupació Fotogràfica Sarthou Carreres y tener una colección completa en papel a unos pocos kilómetros de casa, colgada con bastante dignidad, en un montaje bien controlado por Paco aunque la sala quedara pequeña aquel mediodía, con copias de época positivadas por él mismo y no verla, hubiera sido una lástima. Estuvo mal que no diera más publicidad para que los que disfrutamos de su fotografía pudiéramos contar con él para sacarle alguna pista para penetrar ligeramente en su epidermis y adivinar el guiño, el recuerdo, la sensación o la intención que hay detrás de cada una de sus fotos.
De tot cor (De todo corazón) es un trabajo desarrollado de 1995 hasta 2001, concebido a raíz de la muerte de un amigo suyo y que desgrana en un conjunto de fotografías mayoritariamente en blanco y negro su visión íntima de la memoria, el recuerdo y el vacío que produce la ausencia definitiva de una persona.
Sin ninguna duda, la colección tiene una lectura universal porque el tema lo es y el lenguaje fotográfico de Paco lo hace posible, pero la desarrolla de una forma profundamente personal, en cada foto hay un nombre y un apellido. Es una terapia para el autor y un homenaje al amigo fallecido.
Los que no hayan tenido la oportunidad de ver la exposición teniendo cerca a Paco, disponen, afortunadamente, de un pequeño catálogo editado por la Asociación Cultural L’Argivello que el propio autor prologa brevemente dando las pistas iniciales para comprender, no sin cierto esfuerzo, el discurso que se desarrolla en la colección.
En las fotos llamaría la atención la clave baja general y la diversidad de formatos, si no fuera porque ambas son deliberadas. Lo mismo ocurre con las fotos teñidas al café. No hay nada en la exposición que no haya sido pensado y repensado por Paco y el conjunto resulta coherente y sólido.
Ya le he dado alguna opinión, pero le voy a seguir insistiendo en que De tot cor debe llegar más lejos. Espero que lo haga, a mi me gustó mucho y como le dije, esa exposición es Paco Martí en estado puro.