
¡Cuántas veces lo decimos y cuántas veces lo oímos!
Pero no todas ellas significan lo mismo. Esta frase se usa tanto para comprometer una llamada posterior por parte del que la pronuncia como para terminar una llamada que se hace larga o se vuelve inoportuna.
Confundir ambas puede ser un problema cuando se dijo en la segunda acepción y uno espera eternamente una llamada que no llegará. Y la imagen que le queda al interlocutor es la de que acaba de hablar con un informal.
Yo conozco gente que cada vez que tiene que interrumpir una llamada usa esa frase para terminar, pero no tiene nada más que decir y nunca te volverá a llamar por ese tema. Indefectiblemente se ha labrado una imagen de informalidad transoceánica.
Ello sería disculpable en alguien que usa el castellano como lengua extranjera y no domina el idioma, pero entre españoles deberíamos tener más cuidado. Sería preferible decir: "Perdona, te dejo. Me llama mi mujer", es mucho más comprensible, verosímil, disculpable e incluso entre varones "hace piña" y despierta la solidaridad y la conmiseración.