La memoria

Imagen de Arturo

He visto recientemente una película en la que el protagonista tenía un accidente de tráfico y del golpe perdía la memoria y se me ha ocurrido que si a mi me pasara algo igual, o siga envejeciendo con la rapidez con que lo hago, no tengo copia de seguridad.

Así que tanto tiempo, esfuerzo y algo de dinero que invierto en salvaguardar los datos de mi trabajo y de mis aficiones no me sirven en absoluto para aplicarlos a mi memoria. No sabría por dónde empezar.

Porque mi memoria tiene datos, fechas, nombres, pero también tiene olores, sabores, sensaciones, recuerdos, sentimientos, errores, soluciones, momentos mágicos, momentos trágicos y momentos dolorosos. Y tampoco sé como se hace una copia de seguridad de la esperanza, de la alegría, de la satisfacción, de la amistad, del cariño, de la nostalgia, de la pena o del sentido común.

Y me acabo de dar cuenta de que todo eso es único y no hay manera de duplicarlo. Y no solo se perdería si tuviera un accidente o una enfermedad neurológica degenarativa; también se perderá cuando me muera.

La única forma de preservarlo aunque se contamine bastante es transmitiéndolo a los demás, en especial a los que están más cerca. Pero cuando desaparezca, no sentirán mi pena sino la suya que solo de lejos y mezclada será un recuerdo de la mía.

El caso es que esto es un desastre, uno desaparece y el archivo desaparece con él. No hay mucho que legar, la historia objetiva estará ahí, pero la visión vivida de esa historia por uno mismo se esfumará sin remedio.

Quizá la ciencia no avanza la barbaridad que decía la famosa zarzuela.