
Hay en la historia del cine algunas películas que son eternas. Una de ellas es "Rebelión a Bordo" de 1935 y esta es otra de ellas.
Probablemente, las historias son simples y claras pero los argumentos y las tesis son profundamente humanas. A veces pecan de ñoñas y se las redime poniéndose en la fecha en la que fueron estrenadas, pero en ningún caso queda mermado el mensaje demoledor.
Esta es de ponerse a llorar o al menos de las que despiertan los mejores sentimientos y es un buen antídoto para los tiempos que corren.
A mi me encantan.
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