
El título es voluntariamente pretencioso para que cumpla bien con su función de llamar la atención y despertar la curiosidad sobre lo que viene después.
Y lo que viene después no es más que una reflexión superficial sobre la utilidad de la gamba, una especie que en mi opinión ha sido creada para ser comida. No es la única, la mayoría de su género taxonómico es del mismo tipo, pero la gamba es más amable, más de diario y por ello, más simpática.
Pensad en la morfología de la gamba. Tiene una cabeza grande, llena de sabor y que se separa con facilidad del cuerpo. Parece que está hecha para eso, para meter el dedo en la hendidura, tirar levemente y llevarse la cabeza a la boca para darle un buen y sabroso chupetón. La pobre no tiene ni el pequeño espolón del langostino para defenderse.
Y luego, el cuerpo, a poco que la gamba esté medianamente cocida o pasada por la plancha, tiene una piel y unas patitas que se separan con mucha facilidad dejándote en la mano la totalidad del cuerpo y si no es muy grande te lo llevas de un bocado y si es un gambón de concurso te lo comes, más finamente, en un par de mordiscos.
Ya sé que pensaréis que la gamba no es perfecta, y es cierto, siempre cuesta un poco separar la aleta caudal, pero no tampoco es que cueste mucho y si no se separa bien, la carne que se pierde por ahí no es relevante. Fastidia un poco dejársela junto con la piel, pero no es para sentirse tan mal, en serio.
Y ¿cómo es la gamba cuando está vivita y coleando en el mar?. Pues igual de amable y bobalicona. Se mueve francamente mal, a golpe de abdominales, se la ve de lejos, va en manada, corre poco, le pesa la cabeza y se hace un lío con los bigotes. La consecuencia es que se la comen todos los que pasan por allí: ballenas, cachalotes, orcas, tiburones, atunes, bacalaos, merluzas, boquerones y hasta chanquetes si no fuera porque son una leyenda playera y, caso improbable de que existan, no les darían tiempo suficiente para hacerlo.
La verdad es que la gamba es un desastre. Podía tener una bolsa de tinta para despistar a los depredadores, veneno en algún sitio como las medusas o, al menos, unas pinzas amenazantes como tienen las langostas, los bogavantes, los centollos, las cigalas y hasta los cangrejos de la playa. Pero no. La gamba está ahí para que se la coma alguien.
El punto es que en un caso u otro, te las tienes que comer deprisa porque siempre viene alguien que la coge antes o la pela más rápido. Eso es lo malo de la gamba, la competitividad de la sociedad actual. Hay una solución, comprarse las gambas para uno mismo y no decirle a nadie que las tienes. Esperar al domingo y comértelas tan ricamente tú solo. Pero eso es un acto de egoísmo imperdonable y al final todo se sabe y te quedas más solo que la una, por insolidario.
En fin, ya es Lunes y no hay gambas...