
Uno siempre tiene el miedo de que en el único festival de cante flamenco al que asisto -algo que habría que corregir con urgencia- la figura estelar presente un repertorio similar a su discografía.
Con los cantaores noveles no hay esa duda. Ni tienen discografía, ni necesitan -porque no pueden- vivir de esto, ni nadie les permitiría cantar fusiones e intelectualidades poéticas. Ellos tienen que cantar "por derecho" y si se atreven y son hombres de pelo en pecho o mujeres bravías, intercalar entre alegrías, bulerías, tangos y fandangos alguna soleá o siguiriya; y si quieren ganarme para siempre, que me resuciten una liviana, una serrana, una toná o un polo. Con eso me pagarán que yo esté allí, como hizo Álvaro Díaz al que le auguro un buen futuro.
Con las figuras es diferente. Hoy no hay manera de vender discos de flamenco serio. Y como hay que comer tres veces al día -como mínimo- se dedican a los homenajes a poetas, a la fusión con algo más o menos fusible o nos hinchan a bulerías acompañadas de tres guitarras, cuatro cajones, percusiones varias y un montón de palmeros.
Ese era el miedo con Miguel Poveda en la noche del sábado pasado. Cuesta encontrar cante grande en su discografía, pero no. El Festival de Moguer tiene categoría suficiente para que el repertorio sea serio. Y lo fue. Así que la expectación quedó, al poco, en saber cuanto tiempo duraría su actuación.
Lo normal es que se escapen mucho antes de que hayas entrado en calor. Una faena de más o menos aliño como hemos visto en años anteriores. De Poveda se decía que lo haría mucho más largo ya que para eso le habían dedicado la parte del león del presupuesto de este año.
No lo cronometré. No estaba para eso. Pero se me hizo corto, lo disfruté mucho a pesar de que no estaba en perfectas condiciones para cantar. Pero fue impecable; ¡qué potencia!, ¡qué dicción!, ¡qué duende! y ¡qué tablas tiene el tío! Que fallaba por arriba era evidente y por eso se disculpó. La duda, ahora, es si Miguel Poveda puede o no puede cantar por Pepe Marchena. Y la duda es grave e importante porque si lo puede hacer, tras demostrar que sí puede, y bien, cantar por Antonio Mairena habrá unido lo que la historia separó creando la gran división y la gran polémica de los años gloriosos del cante del siglo XX.
Será, ni más ni menos, mi ídolo vivo y real; sustituyendo a la reina provisional que es Carmen Linares por el mero hecho de que borda -o bordó- los cantes de la rama de las alegrías, con unas cantiñas excepcionales por clásicas y bien dichas.
En un par de meses tenemos la Bienal de Sevilla. Voy a informarme porque creo que José Meneses merece que haga un esfuerzo.