
Título: Fotografías de un diario
Autor: Oscar Molina
Páginas: 200 págs.
Editorial: Caja San Fernando
Formato: 20x26
Mi pequeña biblioteca fotográfica tiene diversos orígenes. El más prosaico son esos regalos que proceden de alguien no aficionado y que acaban bien si se dejan llevar por las marcas como Magnum o similar, y acaban mal si se enfocan desde la pedagogía.
El siguiente nivel lo forma lo que podríamos llamar el "fondo de armario", con HBC, Capa o Adams como ejemplo. También entran la historia y la teoría. Por encima de el vienen los catálogos correspondientes a exposiciones vistas y a veces vividas, donde se añaden mis recuerdos y mis emociones.
En el Olimpo vienen los libros que me han regalado algunas personas con la intención de que yo tenga a mano un instrumento para rememorar sus emociones y sus pasiones. Este es uno de ellos y por eso ocupa un lugar privilegiado y merece una lectura atenta y repetida.
Pero de lo que se trata ahora es de reseñar el libro y nada más. Y la tarea no es fácil. Las fotos no son sencillas, tampoco homogéneas, pero de entrada tienen, para mi, el valor del proyecto aunque en su origen el autor no lo tuviera tan claro como reconoce en el texto.
Tras doce años de llevar consigo una cámara compacta de película en blanco y negro hace una selección que titula diario pero que no lo es. Es algo más complejo y con la ayuda del amplio texto introductorio lo iré masticando.
Pero ya a simple vista tiene algo especial. Ves las fotos, una a una y hay pocas que sepas por dónde cogerlas. Muchas de papelera directa si no te has propuesto lo contrario de antemano o no te importa un comino la "calidad técnica" de la fotografía, algo completamente despreciado por Molina cuando lo que lleva entre manos es una humilde compacta.
Los pequeños textos que acompañan algunas fotos no ayudan más que a la ensoñación o a la duda. No explican ni aclaran nada. En realidad tampoco sabes a dónde quiere ir a parar. Los lugares difícilmente identificables a excepción de algunas costas andaluzas (o no, quién sabe), lo mismo con las personas. Pero acabas de ver las fotos y te queda algo sólido que no sabes qué es.
Quizá sea sólo duda adornada con la belleza histórica del blanco y negro, el tamaño tirando a pequeño y el descuido técnico. Conozco a muchos que hablarían de tomadura de pelo y yo no se lo reprocharía, pero les tendría un poco de pena porque a mi sí me deja algo que todavía no sé que es, pero está.
Parto de concederle el mérito a la idea, supongo el mérito de la selección, admito la ayuda de los textos pero me quedo con la sensación final. Puede que esté influenciado por el reconocimiento ajeno; Oscar Molina es considerado un buen fotógrafo, tiene formación, expone y publica pero ponerme del lado de los que piensan en la "tomadura de pelo" es alejarme irremediablemente de la tendencia y la critica fotográfica y eso no me lo puedo permitir cuando a falta de hacer fotos vivo mi afición a través de las fotos de los demás.
El caso es que este libro lleva a la reflexión, tanto fotográfica como personal y prefiero que le lleven ahí con una foto desenfocada y movida en blanco y negro que con un culo encima de un piano, que también.