Exposición de fotografía del Día de la Música 2010

Imagen de Arturo

Exposición de fotografía del Día de la Música 2010
La Casa Encendida
Madrid
Del 18 al 21 de Junio
www.lacasaencendida.com

La música nos dio y nos quitó. Nos regaló esta exposición inesperada pero nos quitó las dos que había en el Circo Price. Era como para estar enfadado, pero se me pasó pronto viendo a Paco "elbé" disfrutando de los conciertos en directo de, sin ninguna duda, discípulos de Mozart. Aventajados, eso sí.

Lo que vimos en La Casa Encendida tiene su miga. Para empezar, tiene enjundia por el hecho de ser un proyecto organizado, que requiere de una producción y de la colaboración de músicos, prescriptores y fotógrafos. Y por haches o por bés, la exposición tenía variedad, frescura y ese poso que dejan las cosas bien hechas, desde la idea hasta el final.

Pero además había un valor añadido: las audio-guías. Porque, en contra de la opinión de muchos de que una fotografía debe hablar por si misma, sin título ni texto explicativo, a mi me parece que si alguien te explica algo de la fotografía, que puede ser algo circunstancial como la producción misma y no el concepto, te ayudan a entrar en situación y te dirigen hacia lo que el fotógrafo pretendió o quizá le salió sin pretender. Pero te acercas.

Es la razón por la que los libros de fotografía tienen textos, y para mi gusto, cuantos más mejor. Luego el espectador decide su mecánica. No los lee, los lee después de ver las fotos o lo hace antes o durante. Esa elección es buena y es solo posible si existen los textos. Por eso me gusta que estén.

Con las audio-guias ocurre lo mismo. Las usas, no las usas, lo haces antes, durante o después. Pero están ahí para ayudarte, para guiarte (guiar te - gui arte). Las hay en los museos, al igual que hay guias de carne y hueso, y eso va más allá de la fotografía. El discurso de que una obra de arte visual o sonoro (también han programas de mano en los conciertos) no deba tener la ayuda de ningún texto y deban expresarse por si mismas, es solo una opinión. Yo prefiero la postura contraria y la uso cuando puedo; y desde luego incluso si pensara lo opuesto, opino que sería mejor que estuvieran para tener la libertad de elegir si lo quiero usar o no.

El caso es que la mayoría de gente en aquella sala las usaba. El efecto inmediato es que la visita dura más. Estás fresquito, la iluminación es tenue y vas oyendo al locutor de la audio-guia y acabas por sentarte y quedarte delante de la foto más tiempo del que lo harías si no tuvieras a nadie que te hablaras. Y disfrutas más. Y sabes más, y te acercas más a la foto que estás viendo, en algún sentido, pero te acercas. Y me parece bueno, no es necesaria tanta lucubración ni tanto esfuerzo que, dicho sea de paso, muchas veces no haces. Es más rápido, cómodo y fácil pensar en aquello tan socorrido de la "tomadura de pelo" o el "yo podría haberla hecho igual"; los dos enemigos del espectador fotográfico.

Imagino que poco a poco se irá imponiendo. En el Guggenheim la audio-guía va incluida en el precio de la entrada, sí o sí. Y a mi me parece muy bien.